La Política Agraria Común (PAC) se formuló en los años 50, con los problemas de abastecimiento de alimentos en la Europa occidental de la posguerra. Surge con el objetivo principal de asegurar un suministro de alimentos estable y a precios asequibles para la población, y de mantener precios justos para los agricultores que les permitiese vivir de su producción.

Sus actuaciones se basaron en evitar la competencia con otros países, la concesión de ayudas económicas y subvenciones a los productos agrícolas (su costo alcanzó el 50% del presupuesto de la UE), armonizar las políticas de diferentes países permitiendo la libre circulación de los productos, y la intervención de los precios para proteger al mercado europeo frente a las importaciones.

En los años 70 se hizo necesaria la exportación para mantener los precios de intervención altos (precios que garantiza el Estado si los precios de mercado bajan), ya que la producción había sobrepasado la demanda de alimentos. Para que los productos fueran competitivos en el mercado internacional se concedieron subvenciones públicas.

Desde 1992 la PAC ha sido reformada en varias ocasiones por presiones externas que pedían que se abriera el mercado a las importaciones, y por el elevado coste que suponía. De este modo se redujeron los precios públicos de intervención y las ayudas a la exportación.

Controversia:

La PAC ha recibido críticas porque parte de la producción subvencionada se desecha o se exporta a países subdesarrollados. Esto provoca que los productos de origen europeo, que han recibido una subvención que baja el precio del producto por debajo de su coste, sean vendidos a un precio artificialmente bajo, hundiendo las economías de estos países. La PAC permite a los agricultores europeos competir con los de otros países cuyas condiciones laborales son pésimas —salarios bajos, explotación laboral, ausencia de seguridad social—, y que podrían mejorar en ausencia de la PAC.

La asignación de subvenciones se ha basado en ocasiones en la superficie poseída y no en la producción. Esto podía conllevar que muchos agricultores no produjesen porque les resultaba más rentable recibir la subvención, y no invertir en la producción de un producto que iban a vender por debajo de su coste real.

Otra crítica extendida a la PAC es la escasa contribución que ha hecho a reducir las desigualdades sociales (entre grandes terratenientes y pequeños agricultores, que son quienes realmente requieren apoyo de la PAC). Esto se debe a que el 70% de las subvenciones se reparte entre el 20% de los agricultores, y que la modulación  (porcentaje de reducción de la subvención a partir de los 5000 euros de ayuda) es muy baja.

Medio ambiente y nuevos retos:

A partir de la década de los noventa es obligatorio cumplir una serie de requisitos para cobrar las ayudas de la PAC. Se encuentran entre dichos requisitos medidas de protección de ecosistemas y paisajes, la gestión sostenible de los recursos naturales, mantenimiento del medio ambiente y mejoras de la calidad y salubridad de los productos alimentarios; y trata de hacer frente a retos como el cambio climático, la seguridad y calidad alimentaria, el mantenimiento de una economía rural viva y la competitividad internacional.

Es decir, la nueva PAC parece intentar hacer convivir una agricultura competitiva, orientada a los mercados exteriores, con una agricultura extensiva, respetuosa con el medio ambiente y sustentada en las explotaciones familiares, que contribuya a la articulación territorial. (Soler, 2005).